miércoles, 20 de julio de 2011

LLora mi mente, mis manos, mis ojos...


Visito tu perfil de la red social que más frecuentas,  cada segundo, para ver si encuentro alguna actualización que me indique que posiblemente estas en línea (es una tontería) y empecemos la charla de todas las noches… Miro tu fotografía en la parte superior izquierda de la pantalla y sonrío, mientras  caigo en la cuenta de cuánto he llegado a quererte y extrañarte, y me sorprende, me sorprende la insistencia mía de reclamarte,  de necesitarte, de esperarte, aun así sabiendo que probablemente no llegarás y mis expectativas caerán al vacío.

No sé si hare bien en decirlo, pero es que al no verte, al no poder tocarte, me desespero, y lloro, llora mi mente de tanto pensarte y nunca tenerte, lloran mis manos, que alguna vez se entrelazaron con tuyas y acariciaron tus mejillas, lloran mis ojos al no poder ver cómo te deslizas, como si fueras viento…

Es inefable la sensación que causas en mí, eres tan especial, tan diferente, tan única, y eso es lo que me aterra algunas veces, porque sé que no encontrare a nadie con una sonrisa como la tuya, con ese curioso efecto dominó, con esa capacidad de ser tan tierna y cruel, tan sensata pero caprichosa y engreída a la vez, creo que no encontraré a nadie que me provoque esas inmensas ganas de tenerte, de quererte y que me quieras. Me enloquece pensar que el destino pueda tener un plan distinto al mío, que termine apartándote de mí por completo, el mayor de mis temores (por ahora) es perderte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario